jueves, 24 de febrero de 2011

reseña de brujas II


Publicada por Mariano Massone* en Revista No Retornable**

Brujas
de Sofía Luppino(La Parte Maldita 2010)

Los aquelarres se configuran por contagio. Las danzas, los sonidos repetitivos, el alcohol o cualquier otra sustancia diseminan furor en el momento extático. El lugar para limpiar las impurezas se convierte así en un derrame caótico. Este acto puede ser sanador pero peligroso: “una tropa de cuchillos resquebrajándome/ hiriéndome por dentro absorbiendo/ toda mi sangre salpicada con asco en tus azulejos blancos”. La fuerza del contagio es cuando una persona se vuelve médium de los fantasmas que hay alrededor. Esa intensidad amor-odio, pasión- sufrimiento es la que nos muestra el libro Brujas de Sofía Luppino. Con la sutil delicadeza de una bestia, la autora esparce su cuerpo, lo despliega semi-muerto ante nosotros, lo atomiza: “y mis voces ancestrales comienzan a gritar por mí/ gritan/ gritan/ gritan/ explotan/ vociferan inmutables/ vuelan por el aire/ saltan en pedazos/ habitando este collage en el que me estoy convirtiendo”. 

Esta explosión subjetiva está dedicada a otra bruja, compañera de ruta y, a la vez, torturadora, asesina de ese yo que se vuelve cada vez más inmundicia a medida que leemos los poemas. La forma del amor más sincera es que dos personas se ahoguen mutuamente, pareciese decir ese yo desbocado: “sos mi virus mi toxina y mi remedio/ solo vos, y todo tu tóxico en mí/pueden lograr que me conmueva”. Porque lo que realmente conmueve del otro es su miseria, su apatía, sus espectros. 

Aunque, también puede haber deseos de crear nuevas situaciones amorosas, ficcionales o reales, que rediman esa relación de tortura: “Tal vez me invente otra historia”, “Pero la realidad me colmó/ superándome/ y tuve que inventar nuevas máscaras”. Máscaras, realidades, historias procreadas y mutadas son sólo balsas para salvarse en el medio de la inundación cuando, como decimos en el campo, el agua tapa hasta el cuello a estas brujas. El contagio liquida cualquier variable amable para la vida. Cuando no hay sueños es imposible encontrar esa historia que nos salve: “No imagino una noche de ochenta años/ ni un día de veintitrés”.

La enfermedad de estas brujas extasiadas adquiere una intensidad de guerra, de trinchera, ya que amar es recordar la mierda ajena y la propia, patearse entre sí, despellejarse… Es decir, toda una poética amatoria sadomasoquista: “Entre mi carne podrida y tanta basura en el mundo,/ vos sos lo mejor que tengo”. La escritura de una poética bruja es esto, pero también una poética zombie, tísica o, para ser más modernos, portadora. Esto revuelve en el lugar más neurálgico del amor: éste nunca se salva de cierto grado de violencia. 

Sofía arremete desde este lugar desencantado, sin ninguna magia, y llega a pensar que los cuerpos brujos siempre son carnes desencajadas, grotescas que juegan por un momento a poseer una cierta ilusión pero ésta desaparece al instante y sólo queda la pura mierda. El yo le dice a esa otra bruja, como despidiéndose (en vida): “y ahora puede agradecerte:/ me volví la mujer más insensible del mundo.” Volverse insensible, en este mundo, es situarse en la posición más incómoda para cualquier atisbo de poeta funcional, sensibilizador. En este carnaval que despelleja al que nos invita Sofía parece no haber personas que se animen a tirar la primera piedra, porque todos están llenos de pecados, de mierda, todos están intoxicados con alguna virus en la sangre.

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*Mariano Massone, 1985, Luján. Estudiante de profesorado y licenciatura en Letras. Poeta. Oráculos: marianomassone@gmail.com 

miércoles, 23 de febrero de 2011

reseña de "brujas", por el gran julián mónaco :)


**tres anotaciones en los márgenes de “brujas”, de sofía luppino

infinitas

"Brujas” es un libro que fluye, que encuentra su pulso vital no tanto en la descripción de estados de ánimo o maneras de ser como en el discurrir de flujos, de mareas. Brota, se precipita, desaparece. En algún lugar dice Gilles Deleuze que la pregunta "¿cómo estás?" tiene algo de estúpida, porque a medida que es formulada tanto quien pregunta como quien responde están deviniendo-otres. De esa pregunta estúpida se aleja “Brujas”.

Claro que la fijeza de la identidad –de la propia y de las otras- ofrece seguridades. Pero esa es una aspiración a la que este libro ha renunciado. Aquí no hay lugar para lo unívoco: se trata de identidades infinitas, inaprensibles, cargadas de movimiento, de contingencia. Más aún: aquí no hay lugar. Esta máquina ha sido forjada afuera, a la intemperie: allí donde las desprotecciones se radicalizan, pero también las propias potencias. Potencias a las que, a partir de la primera letra escrita, les ha llegado su momento.

en juego

Si algo se narra minuciosamente a lo largo de estas páginas eso es el devenir de una vida que se sale de sí misma: una vida que –sea porque lo ha elegido o porque no lo ha podido evitar, o tal vez por ambas cosas- está ahora puesta en juego, echada a su suerte. Como anota Giorgio Agamben, “una vida ética no es simplemente la que se somete a la ley moral, sino aquella que acepta ponerse en juego en sus gestos de manera irrevocable y sin reservas. Incluso a riesgo de que, de este modo, su felicidad y su desventura sean decididas de una vez y para siempre”. Por eso “Brujas” no puede ser escrito dos veces: porque después de él ya no hay vuelta atrás.

Se trata del amor. Del amor y del desamor. La vida se sale de sí misma y está en juego porque ama y porque odia. “buscáme vos: ahora llegó tu momento”, “espantáme. ESPANTÁME. ESPANTÁME”. Las vísceras, la sangre, los fluidos y los poros hablan aquí el lenguaje del riesgo, del atrevimiento, de la impureza que experimentan los cuerpos. “ibas despellejándome viva”. Una a una las fibras que componen la densa trama de la distinción yo/otra son destejidas: no sin dolor, no sin placer, violentamente enviadas a las ruinas que deja tras de si –y a sus costados- “Brujas”.

mística

Si “Brujas” puede fluir es porque encuentra su territorio en estados crepusculares, inconscientes, en las heridas, en la misma embriaguez. “sonámbula callejera”, “noctámbula”, “soy una maga vagabunda que navega por las noches”, “me transformé en el mar más espantoso que viste jamás”. En esos territorios el yo de “Brujas” naufraga a través de sus experiencias más intensas. Experiencias que, paradójicamente, lo empujan a su propia ruina, a su disolución, lo desarman, llevándolo hasta zonas nocturnas, oscuras, de profundo desconocimiento, aún cuando se trate –al mismo tiempo- de las zonas más íntimas, más propias.

Es en el relato de esas experiencias que no le pertenecen que este libro alcanza sus momentos más incandescentes. Sofía Luppino elije contar lo heterogéneo y lo hace, pero asumiendo que se trata de una empresa imposible, destinada siempre al fracaso, pues lo heterogéneo es –por propia definición- lo incomunicable. Aquí lo único que puede tener lugar es el contagio, la inoculación: el dolor de panza, el comerse las uñas y la desorientación que provoca en el cuerpo el choque con ese flujo siempre intempestivo que es “Brujas”.

martes, 25 de enero de 2011

Género y Butler, dos puntos

El género, plantea Judith Butler, no es una identidad estable: se trata de una identidad construida en el tiempo que se instituye por medio de la “repetición estilizada de actos”[1] que crean la ilusión de un “yo” generizado permanente. De esta manera, plantea Butler, es que el concepto de género se desplaza hacia el terreno de la temporalidad social constituida: la repetición de actos discontinuos en el tiempo mediante la cual se instituye el género, la “apariencia de sustancia” que se presenta, no es otra cosa que una identidad construida. En este sentido, podríamos pensar, siguiendo a Butler, en la llamada “identidad de género” como un resultado performativo. Es el cuerpo, dice Butler, el que adquiere su género, en una serie de actos que se renuevan, revisan y consolidan en el tiempo; por lo que no podríamos dejar de pensar en el cuerpo como una “encarnación de posibilidades”, posibilidades que estarán, a su vez, condicionadas por las convenciones históricas. Lo que conocemos o hemos aprehendido como constitutivo del género femenino o masculino forman parte de los actos previamente mencionados.

Lo que plantea Butler es que, más allá de lo que cada uno/a haga y a pesar de que el acto se lleve a cabo por cuerpos individuales, al tratarse de modos generizados la acción se vuelve pública, son acciones con dimensiones temporales y colectivas, esto es: se lleva a cabo la performance y también la intención de mantener al género dentro de un modelo binario; y es también en este sentido que Butler realiza el planteo acerca de que los actos que cada uno/a hace ya fueron, previamente, llevados a cabo por otres actores, a la vez que actualizados y reproducidos como una realidad. Podríamos entonces, parafraseando a Butler, pensar en una herencia de actos sedimentados que, con el tiempo, han ido configurando estilos corporales que aparecen como forma natural de los cuerpos en sexos que existen en una relación binaria.

Butler retoma, también, el lema feminista “lo personal es político”, para reflexionar en relación a la experiencia subjetiva, que existe estructurada por las configuraciones políticas, pero también para ver cómo esta experiencia, a su vez, repercute en esas configuraciones y las estructura.

De alguna manera, la teoría del género como performatividad que establece Judith Butler nos permite reflexionar en varios aspectos: por un lado, en la idea de la performance como algo, en algún punto, inquietante ¿Qué sería esto? Lo que “asusta” de las performances de género (en un contexto que no es “el teatro”, por ejemplo) es la falta de línea que marque el límite entre la actuación y aquello considerado como la “realidad”. Intranquiliza que no haya convenciones que demarquen ese límite y que, por lo tanto, faciliten la dominación. Como vemos también Roland Barthes ("La muerte del autor"), se teme la multiplicidad, y es por esto que se intenta clausurar el sentido, buscar explicaciones, estableciendo centros y poniendo puntos de inicio, de origen, y de finalización. En la teoría del género como performatividad nos encontramos, también, con una suerte de multiplicidad: pensando, por ejemplo, que cada acto constituye una realidad nueva. Que el género es un continuo “hacer”. Que no podemos hablar de géneros como modelos verdaderos o falsos, no podemos establecer un “origen del género”.

Tal vez lo interesante sea imaginar, como establece Butler, una genealogía crítica del género complementada con una política de actos performativos de género que redescriba las identidades de género existentes, exponiendo de esa manera las cosificaciones/construcciones sociales que se presentan como núcleos sustanciales, como identidades; ya que, como ella misma dice “si el cimiento de la identidad de género es la repetición estilizada de actos en el tiempo (…) en la ruptura o repetición subversiva de este estilo, se hallarán posibilidades de transformar el género”[2].



[1] Butler, Judith, Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista en Theatre Journal Nº3, 1988, p. 297.

[2] Butler, Judith, Op. Cit, p297

martes, 11 de enero de 2011

hasta luego, maria elena

Eva, por María Elena Walsh

Calle Florida,
túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedo sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a Paris rayos de sol.

La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".

Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte mas muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,vacías, arrumbadas en la noche.

Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.
Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.

Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lagrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada mas que un gran castigo.

Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.

Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.
Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?

II

No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.

Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?
Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.

Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.

Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.

Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.

Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.
·

sábado, 8 de enero de 2011

regalo 20-11

El regalito del nuevo año: la libertad del femicida Ricardo Barreda. Otra patadita en el orto que solamente viene a confirmar lo que todes sabemos: la convicción social de sostener un sistema sexista, patriarcal, violento, femicida. La misma impunidad de todos los días. Barreda y su libertad son un símbolo más entre tantos. Escuchar a sus vecinos festejando, mujeres y hombres aplaudiendo su libertad, justificando al asesino, calificándolo de "víctima de las malignas mujeres que lo rodeaban", son también un símbolo más entre otros.

¿Qué podemos esperar? Si pasaron 8 días desde que empezó el año, OCHO días de mierda en los que ya asesinaron a más de 5 mujeres: una degollada, dos quemadas, dos a puñaladas ... y las que no sabemos, de las que nunca nos vamos a enterar. Las invisibles. Los cuerpos que realmente NO importan. Y los machos violentos, femicidas, asesinos, que matan con la seguridad que les da la impunidad y el saber que toda una sociedad, por acción o por omisión, los justifica.

Que las mujeres siempre, en última instancia, "algo habrán echo".
Que pueden ser asesinadas sin tener que buscar excusas, porque ni siquiera serán necesarias.

¿Cuánto más vamos a aguantar? ¿Cuántas más van a tener que morir? ¿Cuánto tiempo más sin que se escuchen sus voces? ¿Cuánto tiempo más los ojos cerrados?
¿Cuánto? ¿Cuánto? ¿Cuánto?

(No puedo dejar de preguntarme dónde mierda está el discursito de los derechos humanos. O si, en todo caso, los derechos humanos también vienen con privilegio)
·

lunes, 27 de diciembre de 2010

Salió Brujas


salióoooo el libro nuevo con poesias para todes les que quieran leer!

adjunto foto (si alguien lo quisiera materialmente, nomás me lo pide)

y dirección para bajar en pdf --> http://edlapartemaldita.blogspot.com/

miércoles, 1 de diciembre de 2010

miércoles, 24 de noviembre de 2010

25 de noviembre


Por Florencia.
Por Marita.
Por Fernanda.
Por Natalia.
Por Fátima.
Por Otoño.
Por Emilia.
Por Sofía.
Por Sandra.
Por Wanda.
Por Romina.
Por las mujeres muertas por abortos clandestinos.
Por las mujeres víctimas de femicidio.
Por las asesinadas por lesbofobia.
Por las mujeres en situación de prostitución.
Y por todas aquellas que sufren violencia(s) en este sistema patriarcal, sexista, heteronormativo y machista.

SI TOCAN A UNA NOS TOCAN A TODAS.
25 DE NOVIEMBRE: BASTA DE VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES.

sábado, 30 de octubre de 2010

nota excelente...

...de esas que nos hubiera gustado escribir.
Comparto.

Nosotros

Categoría: Notas

por Pablo Marchetti

Para Claudia Acuña, con amor peronista

En el final de la cola, unos ocho metros antes del féretro, en uno de los corredores de la Casa Rosada, una piba llora. Sí, una piba: 16, 17 años, como mucho. Divina, cándida, antelical. Una chica que bien podría uno imaginarse llorando así con una novela del Cris Morena Group o con la llegada de los Jonas Brothers, aunque un poco más hippona. Si Néstor Kirchner hubiera sabido que lo iba a llorar una piba así capaz que no se moría.

Ok, lo que acabo de decir es una reflexión machista, pelotuda, lo que quieran. Olvídense. Pero a ver si queda claro: la plaza de Mayo y sus alrededores se llenó de pendejas y pendejos divinos, pibes muy chiquitos, adolescentes y jóvenes conmovidos por la muerte de Kirchner. Pibes que transformaron en hit el canto “andate Cobos, la puta que te parió”, o su versión extendida: “Andate Cobos y llevate a la Carrió”. O sea, pibes y pibas que hicieron su lectura política del asunto. Pibes y pibas militantes.

Todos putos

Un pibe escribe con aerosol, en el piso, sobre la avenida de Mayo, casi Bernardo de Yrigoyen, Néstor VIVE, y sobre cada una de las V de la palabra VIVE escribe una K, reemplazando la P peronista del PERÓN VUELVE. Me río: se lee KK. O sea, caca. Evalúo por un momento la posibilidad de compartir mi hallazgo con el pibe que escribe con aerosol. Y lo imagino contestándome: “De caca te voy a llenar la cabeza, puto”. Pero no, descartado. El pibe no diría eso. Parece más un pibe que pudo estar tomando un colegio anteayer. Más rockero que cumbiero. Clase media porteña, laburante. El pibe de la fotocopiadora, ponele. Hasta es probable que ni sea peronista. Nada de “eh, puto”. Y menos ahora que a su lado pasa una columna (bueno, un grupito con pancarta), unas treinta personas que llevan orgullosas el cartel que dice “Putos peronistas”.

Sí, los putos y las travas también. En la fila, a ocho cuadras de Plaza de Mayo, está Marlene Wayar, la hermosa Marlene, altísima, flaca, ojos enormes, sonrisa transparente, la voz más lúcida de la diversidad sexual, el pensamiento más sexy del país, una travesti que no cree en el matrimonio pero cree en la igualdad. Quién lo hubiera dicho, Marlene en la fila para ver a Néstor. ¿O debo decir “en la cola”? Sí, Marlene en la cola de Néstor, que esta noche es también promiscua y libertina. Que esta noche es todos con todos, todas con todas, todos con todas, todas con todos, todo con todo. Esta noche, la del pastiche que supimos conseguir. Unámonos. Abracémonos. Te amo, Marlene. Qué bueno que estés acá.

Noche de abrazos

Esta es una noche de abrazos. Me abrazo con Marlene, me abrazo con Claudia Acuña (bueno, con Claudia siempre nos abrazamos), me abrazo con Mariana Collante, me abrazo con Eduardo Anguita (sí, aquí estoy, Eduardo, ¿dónde iba a estar?), me abrazo con Dani Tavarone (Dani, qué linda sorpresa, tanto tiempo), me abrazo con Maxi Vecco (responsable de los videos de ¡Mueva la patria!), me abrazo con mi compadre falopero Felcho Marquestó (nos encontramos de casualidad; él fue a la plaza con Ramón, su hijo de 8 años), me abrazo con el gran Poroto D’Addario, exquisita pluma chabona de Página 12, que está haciendo la cola a la altura de Bernardo de Yrigoyen entre Avenida de Mayo y Rivadavia, me abrazo con Juampi Pichetto, a quien hace años que no veo, y en qué andás, y me cuenta que está haciendo Clase Turista, y me alegro, qué buen programa, y nos fumamos esa tuca que queda, qué bueno vernos, pensamos, y claro, cómo no íbamos a estar acá.

Aquí estamos. Con esa bola de nervios, esa bola de cagazo y esa bola de emoción al vernos, al constatar eso, que aquí estamos. Somos bien distintos y de repente nos damos cuenta de que también podemos ser bien iguales. O que, bueno, esto es lo que nos une. Que no debería haber rencores a partir de esto. Que sí, después da para discutir, para cagarnos a puteadas, a bardearnos, a mandarnos a la concha de nuestras madres o a la puta que nos parió, que si ya llegaron los putos es probable que en cualquier momento también lleguen las putas peronistas, y tampoco tengamos miedo a volvernos un poco trogloditas (o a seguir siendo peronistas, como prefieran), ahora que todos estamos aprendiendo a ser más correctos. Pero siempre teniendo en cuenta esta noche. A bardear, a discutir, pero sabiendo cual es nuestro lugar en el mundo, dónde vamos a marchar cuando las cosas se pongan pesadas. Pensemos en Néstor.

Pensemos

Eso, pensemos en Néstor. No por obligación, sino porque eso es lo que nos sale: pensar, reflexionar, intentar hacer política. Porque después del abrazo, del reconocernos, de la certeza a mitad de camino entre el “qué bueno que estás acá” y el “claro, cómo no ibas a estar acá”, llega la discusión, la reflexión. Si hay algo para lo que sirvió esta noche es para constatar un par de cosas que, hasta hoy, no eran más que cuestiones que se afirmaban sobre la intuición. Ahora nos damos cuenta que era verdad, que la política había vuelto, que la militancia había vuelto. Y esta, la noche del Chau Néstor es la noche de la política y la noche de la militancia.

La vuelta de la política. La vuelta de la militancia. La vuelta de los pendejos a la militancia. Pensemos en Néstor. No, no fue Néstor quien construyó todo esto. Si Néstor fue apenas un gobernador peronista de los 90. Un gobernador de una provincia petrolera que estuvo en la primera línea de combate de la privatización de YPF. Un aliado de Menem y Cavallo. Un tipo al que, antes de llegar a ser presidente, jamás le importó lo que decían los movimientos de derechos humanos, que jamás se preocupó por los crímenes de la dictadura y que, encima, era el candidato de Duhalde.

Sin embargo, Néstor no sólo no defraudó, sino que sorprendió. Uno no esperaba casi nada y el tipo se mandó con varias cosas inéditas y esperanzadoras. Y siguió, aunque todas podrían resumirse en una: no tengo claro si Kirchner era mi amigo, pero estoy seguro de que irritaba a mis enemigos. No sé si a todos (las críticas que tuve, tengo y tendré tienen que ver con eso, con aliados impresentables), pero sí a muchos. Demasiados para los que nos tenía preparada la historia argentina. Y estas cosas sólo se pueden medir en perspectiva histórica.

Juan Domingo K

Más allá de las críticas que puedo tener, creo que Néstor Kirchner (él y Cristina) fue el mejor presidente de la Argentina en los últimos 50 años. O, más precisamente, el mejor desde Perón, desde el primer peronismo, el de los 50. O, para decirlo en términos más constatables, fue el que más se enfrentó a mis enemigos y a los enemigos de toda la gente que vino esta noche. Por eso hay tanta gente que dice “yo no lo voté, pero aquí estoy”, “yo no soy peronista, pero aquí estoy” o “yo soy de izquierda, pero aquí estoy”, como me dijo el pibe que subía al lado mío por las escaleras mecánicas del subte E, cuando llegué a la plaza el jueves a la tarde.

Sí, el mejor desde Perón. Juan Domingo Perón, para más datos. Un milico con simpatías por el Eje durante la Segunda Guerra Mundial, que participó en los primeros golpes de Estado de la Argentina, como oficial del Ejército. Un tipo del que no había mucho que esperar, o más bien de quien se podía esperar lo peor. Sin embargo…

Como Perón, Kirchner hizo mucho más que lo que se esperaba de él. Pero hay algo más que identifica a ambos líderes, a ambos presidentes. Está claro que el peronismo es algo mucho más trascendente, mucho más complejo y mucho más rico que la figura de Juan Perón. Pues bien, si el kirchnerismo es esta plaza, si son esos pibes (y también esos señores, esas señoras, esos laburantes, esos viejitos, esos putos, esos fumones, esos oficinistas, esos fans de 678, esos flacos que se están tomando una birra, toda esa gente que hace seis, ocho, diez horas que está haciendo la cola para pasar 30 segundos a cinco metros del ataúd cerrado donde está el ex presidente), está claro que ese movimiento político y social trasciende con creces a Néstor Kirchner.

No, Néstor no construyó todo esto, pero Néstor fue quien lo leyó. El emergente y, al mismo tiempo, quien abrió el juego. Olvidémonos de la lista de virtudes (Corte Suprema, estatizaciones, juicios a los represores de la dictadura, asignación universal, integración continental) y defectos (pejotismo, mineras, petroleras). En otro momento podemos discutir todo eso. Ahora es el momento de centrarse en el principal logro de este Gobierno: la militancia.

A lo chori

Chipa, chipa”, grita la paraguaya, sentada en un banquito, con su puestito improvisado donde vende el modesto manjar guaraní. Chipa y no chipá, que quede claro. Acaba de llegar, son las once de la noche. “A la rica chipa”. A su lado, una mujer vende pósters con la foto de Néstor y Cris, y papeles y fibrones. ¿Para qué? Lo aclara en el papel que tiene escrito: “Néstor, siempre con vos”, dice el papel, escrito con fibrón. Que cada uno escriba lo que quiera, pero que todo el mundo sepa que puede escribir cosas como esa, como una forma de hacer catarsis o de romper el cerco mediático de Clarín.

Más allá, un tipo comienza a prender la parrilla. “El chori y el paty salen como piña”, me dice un parrillero que está prendiendo otro fuego porque ya agotó stock y va por el ballotage. Se venden también banderas, cintas negras, escarapelas. Y para beber, gaseosas, cerveza, café. Me cuenta Mariano Lucano (estoy caminando por avenida de Mayo con él y con Flavia, su novia) que en el entierro de Alfonsín (no, no fui) no había choris ni nada de eso. Pero que, a cambio, el McDonalds de enfrente del Congreso estuvo abierto toda la noche.

Acá los negocios están cerrados. Los bares bajaron sus persianas después de la medianoche y sólo quedan algunos, poquísimos, maxikioscos. Por eso a la una de la mañana se siguen prendiendo parrillas. Puede parecer liturgia peronista, pero acá los compañeros tienen hambre. Y el chori se cobra, eh. No se regala, eh. Que acá no hay micros, no hay aparato, loco, eh. Nadie vino por el chori y la Coca. Ni siquiera vino por Néstor. Acá la gente, la mayoría de la gente, vino a hacer el aguante y a no sentirse tan sola. Vino a tratar de dejar claro que esta vez no, no nos van a volver a cagar.

Qué grande sos

Sí, claro, los pendejos. Sí, claro, la clase media progre. Sí, claro, los zurdos, los intelectuales, los universitarios, los profesionales. Por supuesto, todos ellos están. Pero también está el peronismo. También está la gente que se tuvo que tomar tres bondis para ver el cajón. Está Zulema, que vino de San Justo. Está la gente del Docke y otros que vinieron desde las provincias. También están (en primera línea) los militantes peronistas de veintipico, de treintaipico, esos productos tan típicamente Néstor que volvieron a sentir orgullo de ser peronistas. Que cantan la Marcha y se emocionan y hacen emocionar a quienes alguna vez nos emocionamos cantando la Marcha.

Otros hits: “Olé, olé, olé/ Nestoooor… Nestoooor”, con acento en la “o” alargada final. Pero sobre todo uno, bien peronista, que advierte: “Che gorila, che gorila/ no te lo repito más/ si la tocan a Cristina/ qué quilombo se va armar”. Ese y el de Cobos son los más escuchados. Los pibes proponen, advierten. Nadie dice boludeces, ni nadie evoca fantasmas. Hay un mensaje concreto: no jodan. Y viendo toda esa gente, sintiendo la emoción y la onda que hay en el aire, por un momento da para el entusiasmo, da para pensar que quien sabe, tal vez…

Oficialitis

Néstor irritó a nuestros enemigos y más allá de las diferencias, más allá de las medidas y aliados impresentables, más allá de la minería y el pejotismo, el espanto que generaban esos enemigos siempre pudo más. Y cada vez que alguno de estos enemigos mostraba los dientes y las uñas daba ganas de volverse más K que Orlando Barone. Sí, lo confieso: muchas veces, escuchando a Biolcatti, leyendo a Morales Solá o a Mariano Grondona o viendo algunos títulos de Clarín me dieron ganas de pasar por la galería Bond Street, tatuarme la cara de Néstor y Cris en la espalda y después salir, ir al estudio de Canal 7 donde se graba 678 y decir: “Mirá, Barone, a que vos no tenés un tatuaje así, soy más oficialista que vos”.

Desde el miércoles, cuando Néstor la quedó en Calafate, las bestias comenzaron a mostrar los colmillos. Son los mismos simios gigantes que quisieron dictarnos lecciones republicanas impresentables luego del velorio de Alfonsín, sin olvidar que ellos habían odiado a Alfonsín. Pero claro, Alfonsín se quedó ahí. Lo intentó tibiamente, arregló, no supo. Sí, por supuesto, vivió modestamente, no como estos millonarios santacruceños. Pero políticamente terminó devorado por sus enemigos, sin siquiera haber atinado a pelear como es debido. Se confió, actuó como una persona y, como tal, creyó en la humanidad de las bestias que lo rodeaban.

No, Néstor no era de esa estirpe. Néstor peleaba. Por eso, como bien dice Beatriz Sarlo, prefirió no convertirse en patriarca y morir luchando. Por eso, en su despedida, no hubo ningún Biolcatti, ningún Cobos, ningún Morales Solá, ningún Duhalde. Sí, claro, nadie se alimenta de vidrio: sí hubo un Scioli o un Gioja. Pero otra vez: se podrá criticar a los amigos, pero nunca se dudará de la calaña de los enemigos. Porque lo mejor de Néstor era cuando no dialogaba con quienes reclamaban diálogo pero en realidad querían exigir, y cuando se peleaba con quienes merecían que los cagaran bien a trompadas.

No se trata aquí de comparar entierros. Pero no sólo es necesario dejar en claro que a Néstor lo despidió por lo menos el doble de la gente que le dio el último adiós a don Raúl. También sería bueno recordar que entonces hubo algunos imbéciles que destacaron lo masivo del entierro de Alfonsín (que lo fue) y presagiaban una muerte en soledad para Néstor. Que la chupen, que la sigan chupando. Vos, gorila republicano, la tenés adentro. ¡Vamos todos! “Tomala vos/ dámela a mí/ el que no salta/ es de Clarín”.

9 años no es nada

Camino con Mariano Lucano y de repente tengo un dejà vu. ¡Esto parece el 2001! Cuando también caminé con Mariano, por estas calles, dos años antes de Barcelona. Bueno, no, nada que ver: todo está tranquilo, no hay represión, ni siquiera un poquitín de clima tenso o jodido, ni siquiera una pizca de paranoia. Hay miedo, sí, pero es un miedo por el devenir político, no por el presente, no por la caminata por estas calles. Y hay que decirlo aunque suene pelotudo o inocente: hay esperanza. Por lo demás, estamos como entonces. Nueve años no son nada. Somos los mismos que entonces. Y algunos otros, más pendejos, que podrían haber estado ahí.

Mariano me cuenta que ayer se cruzó con Diego Parés (el dibujante que mejor retrató el 20 de diciembre de 2001) y con el Niño Rodríguez. Me imagino que deben estar (como Mariano, como yo) descosiéndose el cerebro pensando en qué carajo van a decir, qué corno es lo que van a dibujar de todo esto. A mí se me enquilomba todo. No puedo parar de pensar, como todos los que estamos aquí. Como no podemos (sí, lo bueno de esto es lo fácil que es pasar del “yo” al “nosotros”) dejar de sorprendernos y emocionarnos, como todos los que estamos aquí.

Gracias totales

Aquí abunda el análisis político al paso. Lo admito, no puedo parar de hablar con todo el mundo. Charlo, discuto (ya lo dije, ¿no?). Por supuesto, se habla de quién ocupará el lugar de Néstor. Quién se bancará al PJ, quién evitará el aluvión Scioli, cómo hacer para no cagarla en este momento político que, bien manejado, puede ser bastante favorable para una salida digna. O sea, para evitar que el Mal Mayor se haga cargo del asunto. Y para neutralizarlos por un buen rato. El precio a pagar puede significar el convencimiento casi religioso de que aquello que considerábamos el Mal Menor se transforme de repente en un Bien Aceptable. O al menos que mude su domicilio a los suburbios del Bien, a pocas cuadras del Riachuelo o la General Paz del ideal ideológico.

Más allá de la especulación macro política, el verdadero desafío es ver cómo articular todo esta voluntad colectiva, este montón de ganas, de abrazos y de emoción al margen de toda especulación electoral. Por supuesto, lo electoral existe y es relevante. Pero nadie piensa en Máximo o en Alicia por aquí. Ya se verá si el hijo presidencial puede realmente ser una opción y si eso realmente puede ser bueno. Por el momento, parece tener menos carisma que Fabián Matus, pero estos momentos suelen hacer milagros. Si no, mírenlo a Ricardito Alfonsín.

Lo que realmente importa ahora es cómo salir de esta plaza. Y lo más importante, cómo hacer para volver a encontrarnos todos aquí, con esta misma emoción, con esta misma fuerza. Cómo tener la certeza de que, si nos joden, aquí vamos a estar. Aguantando los trapos. No los de Néstor ni los de Cristina. Los nuestros, los de los montones de personas que no queremos que nos rompan las pelotas. Los de todos aquellos que estuvimos horas y horas esperando para ver durante 30 segundos un ataúd cerrado, porque sabíamos que allí adentro había un tipo especial.

Un tipo que no fue ni un héroe revolucionario, ni un gran ideólogo, ni siquiera alguien muy parecido a nosotros. Sin embargo, ese tipo fue quien hizo el milagro de juntarnos, de hacernos tomar conciencia de que somos un montón y de darnos cuenta de que hay ciertas cosas que no vamos a permitir. Bueno, no exageremos, que somos frágiles. Pero al menos ahora sí tenemos claro que hay cosas con las que no se jode. Por eso, aunque sólo sea por eso, gracias Néstor.

viernes, 29 de octubre de 2010

jueves, 28 de octubre de 2010

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No se bien qué decir. Todo esto me produce sensaciones extrañas y encontradas.
No puedo hablar por lo que no soy, de ninguno de los "dos lados".
Tantas veces me siento en el medio, que no se. No tengo muchas palabras y a veces es mejor el silencio.
Hay gente que no se tiene que morir. Definitivamente.
Pequeñas cosas me emocionan hasta los huesos. Que mi vieja, radical desde la cuna "hasta el 2004", como ella dice, me llamara llorando para decir "y ahora qué hacemos".
Que mi hermano, apolítico de siempre, me pida de quedarse un día más para ir a la plaza a despedir a su amigo. Que le deje este cartelito a Cristina para "darle fuerza".

Capaz las palabras lleguen solas, capaz después, o capaz no lleguen.
Pero necesitaba dejar un algo en este blog.
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miércoles, 20 de octubre de 2010

Otro más

"La muerte miserable de centenares de mujeres", dice el Profesor Gustavo L. en la nota anterior que postee.
Ahora leo esta nota de S. Hacher (http://cor.to/KLZ).
¿Qué decir?

Me angustia. Me irrita. Me llena de impotencia y de bronca. Todos los días hay asesinatos de mujeres, femicidios, mujeres torturadas, entre tantísimas cosas otras. Pero nada se dice. Silencio. El patriarcado nos silencia, nos invisibiliza como sujetas. No puedo no preguntarme ¿qué vidas son las que valen realmente? ¿Qué hechos son condenables, realmente? Si la mayoría de las personas "militantes" o "activistas" pudieran contestar, ¿qué me dirían? ¿Cuándo se organizan marchas en repudio de...? ¿Cuándo salimos a manifestarnos por injusticias y muertes? ¿Cuantxs de lxs que se llenan la boca con algunos casos salen a reclamar por las pibas desaparecidas, secuestradas, violadas, mutiladas, asesinadas todos los días en todos los rincones de este país?

Realmente, ¿Cuantxs de quienes lean esto pueden no sentirse parte de ese silencio? ¿Cuantxs de quienes lean esto son menos cómplices del sistema sexista y patriarcal que invisibiliza a las mujeres como "sujetxs de derecho"? ¿Cuantxs? ¿Por cuanto más?
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después del Encuentro de Mujeres 2010

el profesor Gustavo Lambruschini escribió:

La muerte miserable de centenares de mujeres vs. pintadas en la vía pública

Hasta la media tarde del domingo en Paraná, al parecer, todo estaba bien…, todo era normal… Todavía no habían irrumpido los vándalos…, es decir, los bárbaros… Esto significa que se encontraban omnipresentes los signos, los íconos y los símbolos de la barbarie existente, de la barbarie naturalizada, de la barbarie admitida, de la barbarie del status quo.

Omnipresentes estaban las mercancías y la publicidad y las propagandas de las mercancías de este mundo, en el que todo es mercancía; y, sin embargo, nadie se escandalizaba… Estaban los signos y los símbolos del Estado, es decir, de esa institución que es esencial y estructuralmente terrorista; y nadie se escandalizaba… Estaban también omnipresentes los signos y los símbolos del oscurantismo y de la violencia material y simbólica de la Religión (incluso en las instituciones presuntamente laicas); y nadie se escandalizaba.

Todo estaba bien y tranquilo: los bancos (los templos del dinero), los comercios (donde todo se comercia), la comida chatarra de los yanquis, el american english, la iconografía del Estado y los alienantes símbolos religiosos metidos en las instituciones públicas, las escuelas laicas, los juzgados y las dependencias laicas y públicas en general.

Todo estaba bien, porque dominaban los signos, los íconos y los símbolos de los de arriba. Es decir: la ignorancia y la inmoralidad -las naturalizadas, las consagradas, las santificadas- reinaban, porque siempre reinaron, porque siempre ha sido así, de modo que debe seguir siendo así…

Pero irrumpieron las bárbaras…, las vándalas…, las de abajo… Por un momento completamente efímero (así es plausible profetizarlo), protestando inscribieron sus signos, sus símbolos y sus íconos en las calles, en los edificios públicos, en las paredes que ellos creen que son de ellos… Para los amantes del status quo y del orden establecido, esos que son garantizados por la violencia del Estado y sacralizados por la santa Religión y, en fin, vueltos hegemónicos por la propaganda mercantil del capitalismo, esto constituye un escándalo, algo reprochable: vandalismo… Las leyendas decían cosas abominables:

"mi cuerpo es mío"

"nosotras parimos, nosotras decidimos"

"saquen sus rosarios de nuestros ovarios"

"Iglesia, basura, vos sos la Dictadura"

"Soberanía popular y de nuestros cuerpos".

En una palabra: denunciaban a la Santísima Trinidad: a la Religión, al Estado y al Capitalismo… Para mayor horror, la denuncia la realizaban mujeres…, mujeres que se niegan a ser madre-esposas, a ser tuteladas por los varones, por el clero, por los jueces, por el Estado, porque reivindican para sí la dignidad moral y la autonomía en tanto seres humanos (los reaccionarios quieren a las mujeres en sus hogares y en la iglesia, dedicadas a sus labores, no que se reúnan autónomamente y, menos aún, que luchen por sus derechos negados).

Obviamente, estas pintadas resultan escandalosas, para aquellos a quienes los amuletos y los talismanes de los rosarios, las cruces, las banderas, los escudos, el football, la televisión y el mundo despótico de la mercancía les parecen lo verdadero, lo bueno, lo justo y aun lo bello y lo sublime.

No deben temer, todo pronto volverá a la normalidad. En pocos días las paredes volverán a pintarse y a limpiarse, de modo que las cruces, las imágenes de María -virgen, reina y madre-, la propaganda del capitalismo y los íconos estatales, volverán a brillar con todo su genuino esplendor, ese que fue momentáneamente mancillado; todo esto pronto será olvidado como una pesadilla nocturna.

Los bien pensantes, los políticamente correctos, consideran vandálico y hasta delictivo la protesta social de los de abajo y pintar paredes. En cambio callan de manera cómplice sobre las miles de mujeres que abortan clandestinamente, sobre las cientos de mujeres pobres que mueren y las otras tantas que quedan mutiladas o enfermas. Se agravian contra las pintadas que los denuncian, pero callaron y callan sobre los carteles que pretenden perpetuarlos como los que se pegaron y los que aun se encuentran pegados. También callan sobre la publicidad y la propaganda de las mercancías y de los partidos políticos que desde luego sí tienen derecho a ocupar la vía pública.

Sin embargo, es tarea de la Semiótica Crítica, una rama de la Filosofía entendida como Epistemología, es decir, como Crítica de la Ideología, volver reflexivos los símbolos, los íconos y los signos dominantes. La Hermenéutica no debe ser sólo el pleonasmo de la experiencia del mundo simbólico hegemónico, sino que también la Hermenéutica debe ser una Hermenéutica crítica.

G. L.


jueves, 14 de octubre de 2010

XXV ENM

XXV Encuentro Nacional de Mujeres

Un encuentro más y van…

Este fue quizás el más extraño de todos a los que fui. No se si la Comisión Organizadora, si los tipos del Opus Dei que se metieron en la escuela, si la violencia, si los comentarios en la calle, si…

Nomás una sensación, de esas de extrañeza.

Pero más allá de todo, siempre es bueno reencontrarte – (me)- con feministas de todos lados del país. Los encuentros son como un cacho de aire para lo que queda del año.

Pero tampoco podemos convertirnos en ciegas políticas. Por fuera de ese mundo que intentamos/queremos construir, las cosas siguen dadas vuelta. Y muchas veces lo están al interior de nuestros espacios. Me refiero puntualmente al comunicado de la Comisión Organizadora del ENM-Paraná 2010; a las declaraciones de una tal Jesuana Rodríguez –que nadie conoce- diciendo en el diario que “al encuentro no pueden asistir travestis ni trans”. A ver, a ver, Jesuanita querida…¿quién dijo que usted decide si entran compañeras travestis/trans o no? ¿De donde sacó que tiene usted la verdad de los cuerpos puros? ¿Que puede determinar quién “es” o quién “no es” mujer, así como así? Y, ya que estamos en la reflexión y la preguntita retórica, ¿qué es un cuerpo puro?

Estoy un toquecito hinchada los ovarios de las personas heteronormativas y binarias que se cuelgan de las determinaciones biológicas. De quienes establecen “quienes sí y quienes no” en base a sus reglas sexistas, jerárquicas, violentas. De todes aquellxs que creen que poseen la verdad sobre los cuerpos. De la violencia y la fobia hacia todo lo que no es lo que me dijeron que era.

Harta me tienen, che. Y es necesario denunciar que, aun al interior de espacios como éste, se sigue reproduciendo violencia patriarcal y heterosexista, esa misma que repudiamos, esos mismos métodos opresores que venimos denunciando hace tanto tiempo. No puede seguir pasando. A esto también tenemos que ponerle freno.

Basta de trans-lesbo-travesti-homo FOBIA(S)

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miércoles, 6 de octubre de 2010

·más producciones colectivas: poema para la toma·

No me gusta (anti-facebook mode)



No me gustan los tramposos

ni los que no saben peder.

No me gustan los anti-democráticos

que hablan de democracia.

No me gustan los tecnócratas más

burócratas que se hacen los legalistas.

No me gustan los legalistas que solo

ponen palos en la rueda.

Los que solo quieren cursar y volver a casa

No me gustan los que dicen que no,

solo porque no.

Porque no se debe.

Porque no se puede.

y ni siquiera prueban.

Los del “no” fácil. Los pesimistas.

Los que ni siquiera sueñan, porque eso los agota.

No me gustan los que hablan por hablar,
los que hablan por desprestigiar
los que hablan sin participar.

No me gustan los que se sientan
tocados
por estas líneas.
No me gustan los mentirosos.
No me gusta la UES.
No me gustan los que sienten
escalofríos
al hablar de desorden, o anormalidad.
Los que solo quieren sentarse a estudiar.
Los resentidos que solo saben criticar,
pero de sumar bien gracias.
Los que solo saben destruir.
Los que creen que el docente es mas que ellos.

No me gustan los individualistas
Los que solo escuchan lo que quieren
escuchar.
Los docentes que se olvidan,
de cuando los estudiantes los apoyaron.
Los que extorsionan con el cuatrimestre
que se cae.
Los que se dejan extorsionar.
No me gustan los “cientistas”

que no se dan cuenta
que todo es política.
Que escribir esto es política. Que cursar
sumiso, sin hablar, como un muerto
es política.
Que votar contra la toma para
volver a estudiar como si nada,
es política.

Que estudiar es política.

No me gustan las cátedras que enseñan

Gramsci
y reproducen
lo peor de Smith.
Estoy harto de los que tienen miedo de perder
su mezquino lugar de poder.
Estoy harto que el voto de los docentes
de esa (y de cualquier) cátedra
valga diez veces mas que el mío.

Los que tienen 20 y piensan como de

50.
Esos que no juegan, porque es poco serio.
Los que prefieren las paredes limpias,
porque los afiches ensucian.
Los que se preocupan por los afiches y
no si cursamos en 20 sedes
distintas
que se caen a pedazos.
Estoy harto del que se fija en la

minucia, en lo chiquito, en lo

Mezquino.


No me gusta

estar harto.


Pero es una

de las formas

de despertar.


Nosotres, les siete loques

·

domingo, 26 de septiembre de 2010

de producciones colectivas•

·multipliquemos las historias·

I. Antes de empezar con estos apuntes, nos gustaría decir por qué nos parece necesario contar nuestras experiencias, contar lo que nos está pasando. Por qué es necesario que, en el calor de estos días, multipliquemos los blogs, los murales, los artículos, los relatos, los intercambios, las discusiones.

De sobra sabemos cómo ha leído la Institución los acontecimientos que están teniendo lugar, como ha tratado –insistentemente- de inscribirlos en una cronología del orden establecido. En esa cronología, todo lo que no se identifique plenamente con ese orden establecido es una mancha. Cada día de toma, cada corte de calle, cada clase pública, cada clase autogestionada: una mancha. “La toma es presentada como una interrupción de la “regularidad”, una pausa improductiva que genera pérdidas. Pérdida de trabajo (“se han perdido semanas de trabajo”), de stock (“se perdió un 20% de stock de bancos y sillas”), de carga horaria (cada materia “perdió entre el 15 y el 20% de su carga horaria cuatrimestral”), etc.”. Algún día –supone la Institución- la máquina volverá a funcionar normalmente, todo este error será corregido, y La Historia dirá que sólo fue una interrupción, una pequeña mancha en la cronología del orden.

Tenemos, entonces, una tarea por delante: la de hacer nuestros propios relatos e inscribirlos en nuestras propias historias. Unos relatos donde todo este proceso no sea ya una mancha o un error, sino lo queramos que sea. Abramos y construyamos nuestra propia línea de tiempo: con sus propios deseos y proyectos, sus propias preguntas e inquietudes, sus propios errores y aciertos, sus perdidas y sus ganancias, etc.

En nuestras historias, por ejemplo, no aparecerá un relato de la “inseguridad” en torno a la interrupción de la máquina. Aparecerán, más bien, preguntas: ¿qué seguridad es la que se ha interrumpido? ¿cuál seguridad? ¿cuáles garantías? ¿no será, solamente, la seguridad de lo que viene siendo, la seguridad de la costumbre?

En nuestras historias todo esto que somos es una formación permanente, un exceso. Sabemos de nuestros errores –de ellos también hacer una historia- pero también sabemos que no existe un tiempo abstracto para construir una potencia: la potencia se construye en la lucha, y en la lucha se da sus modos de funcionamiento, sus características, etc. No vamos a esperar a entender, a saber cómo se negocia, a estar de acuerdo.

Cada día, no sólo está en juego la lectura presente del proceso, sino también lo que de él quedará, cómo cristalizará en la memoria de todes les que habitamos la facultad. En este sentido, creemos que debemos disputar contra todas las operaciones simbólicas que pretenden borrar la toma de cara al futuro. Tenemos que multiplicar nuestros relatos, tenemos que contar(nos) lo que nos pasa, tenemos que escribir, filmar, dibujar, tenemos que transmitir nuestra experiencia y evitar que se pierda, evitar que se borre y evitar que otres la cuenten por nosotres.

Digámoslo pronto: no queremos un relato único y monolítico sino múltiples relatos, que se expresen muchas maneras de vivir y sentir el conflicto y la lucha, con sus acuerdos, sus contradicciones, etc. Contra La Historia del Uno, opongamos las historias de todes.

II. Hay un triunfo implícito en este tipo de procesos de lucha, quizás el más importante de todos: les estudiantes nos damos cuenta -¡por fin!- de que todos los días plebiscitamos un modo de producir conocimiento, un modo de habitar la facultad, un modo de relacionarnos entre nosotros y con los profesores y profesoras, un modo de relacionarnos con los textos, etc. Lo que se ha abierto por estos días, lo que hemos abierto, es una situación que interrumple el flujo de lo siempre idéntico, violentándolo, desnaturalizándolo, mostrando su contingencia y, al mismo tiempo, como cada uno y cada una de nosotres decide todos los días que la facultad sea de determinada manera y no de otras tantas posibles. Este despertar, entendemos, es un paso ineludible para pensarnos como sujetos y sujetas que pueden llevar adelante una transformación que materialice sus deseos.

III. Confiamos en la memoria de nuestros cuerpos, en su capacidad para ser el lugar de sedimentación de todas las experiencias que venimos viviendo. Queremos darle a nuestros cuerpos las disponibilidades para que florezcan otros modos de ser en el aula y en los pasillos, entre nosotres, con los textos, etc. Ese aprendizaje del cuerpo –lo sabemos- se da sólo en la práctica. Por eso tenemos que hacer más clases autogestionadas, más artículos escritos colectivamente, más mateadas en los pasillos… y entregarnos al aprendizaje.

Confiamos en que nuestros cuerpos no van a poder adaptarse normalmente a la normalidad si mantenemos encendidos todo esos espacios. Queremos que cuando la máquina vuelva a funcionar nuestros cuerpos se desacoplen, se pierdan, se fuguen, se equivoquen, que cometan errores, etc.

Queremos que nosotres mismes nos impidamos olvidar. Queremos poder decir una y otra vez que estuvimos ahí y que no vamos a desoír los deseos que ahora nos habitan: los proyectos, las ideas, etc. Tenemos una tarea política por delante: darle continuidad a los procesos abiertos, darnos los espacios para que todos estos fenómenos excepcionales se vuelvan regla entre nosotres. Tenemos la ineludible tarea de evitar que nuestro habitus nos vuelva para atrás, nos lleve de nuevo a lo acostumbrado, a lo siempre idéntico, etc. Ahora sabemos qué tenemos que exigirnos, con qué tenemos que comprometernos. Habrá que trabajar sobre esas tareas y sobre esas exigencias, pensarlas, discutirlas, que sean una con nosotros.

Tenemos, desde ahora, nuevas preguntas –nuevas armas- para abordar una y otra vez a la Institución y también a nosotres mismes. Todo este proceso nos dejará disponibilidades, como decíamos, pero también preguntas y voluntades de querer y de no querer. Hay que martillar a repetición: ¿Por qué es así y no de otra manera? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?


Flor, Sofí, Ale, Santi, Juli, Eva, Sofi, Inés, Mariela, Gastón, Lucila,

Tomás, Facu, Guille, Ana, Mati, Rulo, Carlos, Martín, Ale
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domingo, 19 de septiembre de 2010

Cosas


Y yo no se, viste. Opiniones hay varias, posturas más, peleas, puf, muchas más. Pero hay algo que se siente, no se si les pasa. Estoy hablando de las tomas, pero en particular, de la de la facultad de Sociales. Decía que yo siento cosas, aunque a veces me olvide de sentir.
Participé activamente de la toma del año 2005, y de la del 2008 también. Fueron experiencias importantes para mí, claro, como estudiante buscando ese-algo que todes buscamos cada vez que nos acercamos a algún espacio –por ponerle un nombre, nomás- “político”. Pero este año fue distinto. Desde que empezó fue distinto. Al principio no me sentí interpelada, para nada, por la toma. No dejaba de sorprenderme, tampoco, mi “poco interés”. Pero bue, cosas que pasan. Hasta pensé que el oportunismo, que les pibes del secundario, que opacarnos, que… ideas medio reaccionarias que circulan y se cuelan en nuestros huesos, claro. Porque yo no pienso así en realidad. Y me parece una postura paternalista la de “acompañemos a les pibes en su lucha, pero sin meternos a opacarles con la nuestra”. Porque lo que no puedo dejar de preguntarme es si acaso no estamos luchando todes por lo mismo. Lo que está en el eje es la educación pública, y eso excede a los gobiernos de Capital y Nacional… por fuera de la ciudad de Buenos Aires el problema de la educación también existe. De los espacios, de los edificios, de las necesidades, de los derechos, de lo que se quiere y de lo que no, en fin.
La cosa es que de verdad siento algo distinto con esto que se generó. Lo siento en las tripas, adentro, viste. No puedo ponerle bases teóricas, y ni siquiera militantes, porque es otra cosa que tal vez no se explicar. Pero la energía que se mueve es increíble, la solidaridad que se genera, las ganas de hacer cosas, el encuentro con gente, la auto-organización...
Es gracioso escuchar a algunas personas decir que estamos perdiendo clases, que eso se traduce en el conocimiento...y yo me pregunto ¿de qué conocimiento me hablan? ¿acaso no aprendemos más peleando por lo que creemos justo? ¿no aprendemos más autoorganizándonos? ¿siendo protagonistas de nuestra historia? ¿animándonos a intervenir, discutir, debatir, construir?
Por ahí me pongo idealista, pero yo creo que si. Que si aprendemos más con una toma de un mes, que con un mes de clase. Que aprendemos viviendo. Que aprendemos construyendo con otres. Y que de todo eso, no puede salir algo malo.