Hace poco fue el día internacional de acción por la salud de las mujeres.
Creo que hay muchos derechos que se nos niegan. Definitivamente, los hay. El derecho a la salud es uno de esos. Pero ¿qué es la salud? Algunxs la definen como ausencia de enfermedad. Otrxs, como el estado de completo bienestar físico, social y mental. Hay quienes consideran a la salud como buen estado y funcionamiento del organismo, ejerciendo normalmente todas sus funciones biológicas y psíquicas.
Intento desglosar esta cosa que se llama salud. Puedo tomar un poco de todo, formar una sola, elegir una entre tantas, las definiciones brotan por todos lados. Pero la otra pregunta es ¿quién escribe esas definiciones? Cuando pienso en la salud, pienso en un concepto que podría desarmarse en tantas partecitas que sería inabarcable, una especie de gigante mapa conceptual formado por redes y redes de redes de nociones, significados, saberes, etc. Pensar en quienes escriben esas definiciones, entre las que se encuentra la de “salud”, inevitablemente deriva en pensar un sistema patriarcal, machista, heterosexista, que busca controlar los cuerpos de las mujeres, regulando nuestros placeres, negando nuestros derechos. Un sistema que prohíbe el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. ¿Y por qué prohíbe el derecho al aborto legal? Es simple. Sigamos desglosando. Hablar de aborto implica, también, hablar de sexualidades. De disfrute, de goce. De decir NO a la maternidad obligatoria, a la sexualidad reproductiva como única posible. Es decir: hablar de aborto es hablar, también, de decisión sobre nuestros propios cuerpos. De un control que se les quitaría a unxs “otrxs” para pasar a unas nosotras. Eso es lo que se percibe como imposible a los ojos de quienes detentan ese poder regulatorio, de control. Me atrevería a decir que más que imposible: se ve como criminal.
¿Cómo podemos nosotras, las mujeres, pensar en decidir, en elegir, en disfrutar, en actuar como queramos, cuando queramos, sobre nuestros cuerpos y sobre nosotras mismas? Este es, quizás, el error más grande, a los ojos de esxs otrxs que (entre otras cosas) se oponen a que ejerzamos nuestro derecho a decidir: a decir con quién, cómo, si sí o si no, si quiero o si no quiero (ser madre, ser esposa, ser lesbiana, SER).
El error está en poder pensarnos.
En “osar” pensar-que-podemos-llegar-a-pensarnos.
Que podemos llegar a elegir.
Que podemos llegar a decidir.
Y acá es donde se hace evidente que no se trata de un tema superficial. Que hablar de aborto implica empezar a explorar un iceberg gigante, dentro del cual el reclamo por el aborto legal-seguro-gratuito es simplemente una parte ínfima.
[Y coincido con Santiago Kahn –del blog: http://santiagokahn.blogspot.com-: definitivamente, este es el tema más importante de la agenda 2010]
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